El concepto de participación surge, históricamente, en razón de su evidente importancia social para el desarrollo de todo estado democrático, por su papel central, tanto en la creación y recreación de los más amplios procesos sociales y políticos como en la génesis de una verdadera eficacia en el control de la gestión gubernamental.
Sólo con una disposición profundamente imaginativa y teniendo presente, ante todo, la necesidad de promover una eficaz participación ciudadana, puede llegarse a la consolidación de procesos efectivamente consensuados entre los distintos actores sociales, que impliquen un avance real en el camino de la modernidad política y social.
Hablar de participación cultural implica partir de la existencia de una sociedad multicultural, donde la diversidad de culturas que viven en un mismo espacio social y los intereses particulares de carácter diverso ponen en tela de juicio la universalidad como valor, como representatividad y como símbolo a seguir.
La participación, entonces, se da de manera activa e involucra a los participantes en tareas específicas dentro de una comunidad determinada, que no pretende que sus necesidades y problemas sean iguales a los de otra comunidad.
La participación siempre es por algo y para algo, no se puede inventar, pues corresponde a necesidades sentidas y, desde este punto de vista, les pertenece a los miembros de la comunidad que han detectado el o los problemas que quieren solucionar.
Es por eso que la culturalización de toda comunidad se hace necesaria e indispensable para su desarrollo no solamente económico, industrial sino de forma colectiva pero asimismo humano global frente a sus relaciones de vida cotidiana y social. Esto también lo planteo el filosofo colombiano Estanislao Zuleta en su texto ‘Educación y democracia’ (1) cuando nos menciona que el desarrollo social y cultural no viene solo con el avance tecnológico sino cuando el hombre entiende que debe desarrollarse primero como persona en proceso cognitivo y metafísico en miras de un proceso global humano. Este hombre cultural se esgrime utilizando su conocimiento frente a la vida, idealizando un pensamiento humanista argumentado en la responsabilidad social a la problemática que surgen del vivir diario y la conflictividad emergente en la defensa de su interculturalidad que debe ser respetada y democratizada como también pluralista.
Zuleta Estanislao. Educación y democracia (1).
Por otra parte en términos de hibridez cultural algunos pensadores la definen como “la mezcla de culturas provenientes de diversos territorios provocada por el creciente tráfico entre culturas en la versión de Rushdie, al igual que en la de García Canclini, particularmente por el proceso de migración que genera la modernidad global”. ( Tomlinson, 2001, p. 169).(2) Esto nos demuestra que las comunidades por pequeñas que sean ,en un mundo ya globalizado , donde las fronteras culturales desaparecen , ya no poseen una cultura propia al menos que sean aisladas del mundo urbano o rural , más bien indígenas, ermitañas y aquellas formas de vida que tal vez desconocemos.
Las comunidades ciudadanas tan ampliamente hibridas cuentan con un mundo complejo donde colectivamente hay cosmovisiones de la vida pero cada sujeto cuenta con sus propios imaginarios en su mundo propio y porque no decirlo así singular.
Cabe resaltar que Estanislao Zuleta en su ensayo “Democracia y Participación” invita a las participación ciudadana para crear y defender su cultura, modos de vida individual pero algo muy importante su colectividad para proteger su propia historia, encerrada en un enfoque muy práctico, la participación en los grupos de acción social, como lo son : juntas de acción comunal, grupos juveniles, movimientos culturales entre otros en vía de contribuir al desarrollo de su misma comunidad, participando de forma colectiva (3)
Por consiguientge, quiero manifestar que toda comunidad activamente participativa propende por su bienestar como un derecho propio y sobre todo progresista con el objetivo de ser gestores de su propia identidad cultural y como dice Néstor García Canclini “cultura como potente motor para el desarrollo – fábricas de regalías económicas”(4). Para de esta manera convertirse en gestores de su propia cultura y estabilidad económica.
(Tomlinson, 2001, p. 169). (2)
Estanislao Zuleta en su ensayo “Democracia y Participación” (3)
Néstor García Canclini “cultura como potente motor para el desarrollo – fábricas de regalías económicas”(4)
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